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Historia del pueblo

LA LEYENDA DE “EL CASTILLO”

Leyenda ngiva Atzingo

La gente relata que esto sucedió hace mucho tiempo. Había un cerro, un cerro alto que se llama “El Castillo”. Durante muchos años había llovido fuerte y la gente no podía estar en tierra plana. Entonces subieron a un cerro alto y allí construyeron una iglesia porque iban a hacer su pueblo en ese lugar.
Se construyó la iglesia, y ellos quisieron vivir allí, pero no había suficiente lugar para que viviera mucha gente y por eso se fueron a otro lugar.
Vinieron los jefes buscando otras tierras; subieron y hablaron con las montañas. Todos los cerros estuvieron de acuerdo en donde debía estar el pueblo.
Entonces ellos dijeron:
—Ahora vamos a construir nuestro pueblo aquí. Vamos a construir nuestra iglesia. Porque las montañas nos dieron permiso para construir nuestras casas y nuestra iglesia.
Empezaron a limpiar la tierra y a quitar todos los nopales que había allí. Los quitaron, los quemaron y empezaron a construir su iglesia.
Fue un milagro cargar y jalar las piedras y tantas otras cosas que se ocuparon para construir la iglesia. A muchas personas que venían de lejos a vender sus productos, las personas del pueblo las agarraba de noche y las metían en las paredes para reforzar la iglesia. Metieron a muchas personas vivas, porque dijeron que así se reforzaría más.
Cuando terminaron de construir la iglesia, decidieron hablarles a los montes cercanos, para que no les pasara nada por haber metido a personas, a almas vivas, en las paredes de su iglesia, la cual ya habían terminado de construir.
Después regresaron de nuevo al cerro llamado “El Castillo”, donde vivían antes. Querían traer sus campanas para ponerlas en la nueva iglesia. Empezaron a traer las campanas chicas y lograron traerlas hasta el nuevo pueblo.
Pero cuando empezaron a traer la campana grande por el camino en la tarde, empezaron a cansarse y tuvieron mucha hambre y sed.
Entonces dijeron:
—Vamos a dejar la campana aquí nada más, y vamos a comer y a descansar, y mañana en la madrugada regresaremos por la campana, ya que no está muy lejos —dijeron.
En la madrugada regresaron a donde habían dejado la campana, pero ¡¡sorpresa!! ya no estaba.
—¡¡No está la campana, se lo robaron!! —se decían unos a otros.
Entonces uno de ellos dijo:
—Bueno, vamos a subir y ver el lugar donde estaba, es posible que se la haya llevado su dueño.
Entonces subieron a la montaña y cuando llegaron, ¡¡allí estaba la campana!! Y otra vez empezaron a traerla. Trajeron la campana hasta donde la habían dejado la otra vez, pero esta vez la trajeron más cerca. Y otra vez les sucedó lo mismo, sintieron que la campana estaba muy pesada.
Entonces decidieron dejarla nuevamente allí, pero pensaron en atarla a un árbol para que no se fuera. Y la ataron; pero cuando regresaron al otro día, la campana ya no estaba y solamente encontraron el mecate tirado. Entonces subieron otra vez al cerro y allí estaba otra vez la campana, y ellos dijeron:
—El dueño de la campana no nos la quiere dar, y ya estamos cansados de llevarla, y esa campana se regresa sola. Mejor vamos a dejarla aquí, entonces dejaron la campana grande y solamente trajeron las campanas chicas al nuevo pueblo.
Y no hace mucho tiempo en la fiesta del pueblo, el 24 de junio, dicen que se oyó repicar a la media noche la campana que se quedó en el monte “El Castillo”, donde ellos la dejaron.
Bueno, según lo que contaba la gente de antes.